El llanto del rey: Cristiano rompe la maldición y es campeón con el Al-Nassr
Después de tres años y medio, el portugués cierra la herida más profunda de su etapa árabe Hay noches que pesan más…

Después de tres años y medio, el portugués cierra la herida más profunda de su etapa árabe
Hay noches que pesan más por lo que tardaron en llegar que por lo que ocurrió en el campo. La de este jueves en Riad es una de ellas. Cristiano Ronaldo, con 41 años a cuestas y un palmarés que parecía no admitir capítulos pendientes, conquistó por fin la Saudi Pro League. Lo hizo a su manera: marcando dos goles, cargando con el equipo cuando tocaba y rompiendo a llorar en el banquillo cuando entendió que, esta vez sí, nadie le iba a arrebatar el trofeo en el último suspiro.
El Al-Nassr derrotó 4-1 al Damac en la jornada 34, la última del campeonato. Cristiano firmó las dos anotaciones más importantes de la noche: la primera, un tiro libre seco al minuto 62 que ya empieza a parecer una firma autorizada; la segunda, al 81, cuando el resultado se sentenciaba y la liga viajaba definitivamente a las vitrinas del club. Es el décimo título de liga en la historia de Los Caballeros del Najd y el primero desde la temporada 2018-19. Una sequía larga, sí, pero ni la mitad de larga que el ayuno que arrastraba el propio Cristiano.
Cinco años sin levantar nada importante a nivel de clubes
Aquí está el dato que conviene asimilar despacio. La última vez que el portugués alzó un trofeo oficial relevante con un equipo fue en mayo de 2021, cuando ganó la Copa de Italia vestido de Juventus. Cinco años entre fiesta y fiesta. Para un futbolista que ha hecho de la obsesión por ganar su seña de identidad, ese desierto explica las lágrimas mucho mejor que cualquier estadística. No es exageración decir que este título cierra una herida abierta desde que aterrizó en Arabia en enero de 2023.
Ojo con un detalle importante para no inflar el relato: sí, en 2023 levantó la Copa de Campeones Árabes con el propio Al-Nassr, pero ese torneo de pretemporada no figura en los registros oficiales de la FIFA. Es decir, esta Liga Profesional Saudí es, en términos formales, su primer gran trofeo en Medio Oriente. Y llega cinco días después de un golpe durísimo: la final perdida 1-0 ante el Gamba Osaka japonés en la AFC Champions League Two, jugada en su propio estadio. Era la última oportunidad de la temporada para no volver a casa con las manos vacías. La aprovechó.
El goleador eterno: 28 dianas en liga y 973 en su carrera
Lo de Cristiano con los goles ya no se explica con argumentos futbolísticos, sino casi biológicos. Cerró esta campaña liguera con 28 anotaciones —algunas fuentes elevan la cifra a 30 contando todas las competiciones— y su contador histórico de carrera profesional asciende a 973. Le quedan apenas 27 para alcanzar la mítica barrera de los 1.000 goles, una frontera que ningún jugador en la historia del fútbol ha cruzado y que parecía absurda hasta que él la convirtió en proyecto realista.
Conviene también ubicar este logro dentro de su currículum como artillero. Cristiano es el único futbolista que ha sido máximo goleador de la primera división en cuatro ligas distintas: España, Inglaterra, Italia y Arabia Saudí. A eso hay que sumarle siete veces máximo goleador en la Champions League, dos veces en Mundiales de Clubes y otras dos en Eurocopas. Esta temporada, en honor a la verdad periodística, no se llevó el premio al Pichichi árabe —Ivan Toney y Julián Quiñones quedaron por delante en la tabla individual—, pero su peso como referente y capitán fue determinante en la conquista colectiva.
Lectura crítica: lo que vale (y lo que no vale) este título
Sería deshonesto comparar la Saudi Pro League con la Champions o con LaLiga. No están al mismo nivel, ni en intensidad, ni en exigencia táctica, ni en proyección global. Y cualquier crítico deportivo serio debería decirlo sin maquillaje. Pero también sería injusto despachar este campeonato como un trofeo menor sin entender lo que representa para el personaje.
Cuando Cristiano firmó por Arabia, buena parte del periodismo europeo lo enterró deportivamente. Se habló de retiro disfrazado, de fichaje mercenario, de pérdida de hambre competitiva. Hoy, tres años y medio después, el portugués puede decir que ha ganado títulos oficiales en todos los clubes en los que ha jugado: Sporting, Manchester United, Real Madrid, Juventus y Al-Nassr. Cierra el círculo. Y eso, para alguien cuya carrera entera ha girado en torno a coleccionar trofeos, no es un detalle menor: es la prueba de que su decisión, criticada hasta el cansancio, terminó teniendo sentido competitivo.
Suma además su título número 34 como profesional. Una cifra extraordinaria por sí sola, aunque siga por detrás de Messi en el cómputo global. La rivalidad sigue viva, incluso cuando uno juega en Miami y el otro en Riad.
Lo que viene: la última danza mundialista
El portugués llegará al Mundial 2026 con el oxígeno justo que da un campeonato. Portugal está encuadrado en el Grupo K junto a Colombia, RD Congo y Uzbekistán, y todo apunta a que esta será su sexta y última Copa del Mundo, tal como él mismo ha reconocido públicamente. Si alguien dudaba de su estado físico o mental para encarar la cita, lo de Riad debería despejar la mayoría de los interrogantes.
Quien escribe esto les puede asegurar una cosa: la imagen del Cristiano de 41 años llorando en un banco, después de meter dos goles para sentenciar una liga, dice más sobre su carácter competitivo que cualquier análisis táctico. El “Bicho” no se conformó con el dinero, no se conformó con los récords, no se conformó con la jubilación dorada. Quería esta copa. Y se la llevó.
A los mil goles le restan veintisiete. A su carrera, probablemente, un poco más. Pero después de lo de esta noche, el debate de si su paso por Arabia valió la pena queda, definitivamente, cerrado.
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